«Platón dice que el mejor remedio para la mezquindad del alma es convertirse en un espectador del Tiempo. Vivimos en una realidad muy estrecha, en una realidad que, por una parte está condicionada a las formas de nuestra percepción, y que, por otra, es solamente el producto de las opiniones ajenas que hemos adquirido o tomado en préstamo y a las cuales sometemos toda nuestra estimación. Luchamos en defensa de esas opiniones, y no porque creamos en ellas, sino porque ellas involucran el sentimiento ordinario de lo que uno es. Y aún cuando continuamente sufrimos, debido a la estrechez de esta realidad en que moramos, solemos culpar de ello a la vida, sin advertir la necesidad de hallar puentos de vista completamente nuevos.
Todas las ideas tienen un poder transformador, cambian nuestro sentido de la realidad. Obran como fermentos. Pero nos conducen necesariamente a una afirmación. Ver con más amplitud, más comprensivamente, requiere una afirmación, requiere que uno sienta la existencia de una nueva verdad. Si este sentido de la verdad yace entrerrado en nosotros mismos, preciso es admitir que, contra él, lucha mucha superficialidad. Siempre es más fácil negar que afirmar.»

M. A. Nicoll
—El tempo vivo y la Integración de la vida—

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